De Venezuela a casa

Cuando se nace en un país como Venezuela, donde todo el año es verano, la lluvia es cálida, si te despiertas con ganas de playa coges el coche y te vas, y donde una sonrisa en cualquier esquina está asegurada, cuesta mucho tomar la decisión de irse, no importa lo mal que se esté viviendo, hay raíces que son difíciles de cortar. En mi caso, debo decir que Madrid ha hecho que es corte sea más sencillo, porque me ha recibido como si fuese mi hogar.

Llegué en invierno, y no me gusta nada el frío, pero me encantan las botas y las medias, así que compensé el disgusto del frío con mi gusto por la moda. Llegué por la mañana, así que me recibieron unas tostadas con tomate, y ahora se han convertido en mi desayuno necesario, y cuando no estoy en España casi las echo de menos tanto como a las arepas.

He tenido la oportunidad de vivir tanto en las afueras como en el centro, dos vidas distintas, la tranquilidad y lo que pareciera una perfección de vida en las afueras, donde hay árboles, parques, piscinas, niños, y edificios de ladrillos, enfrentado al movimiento constante y la rápida vida del centro de Madrid. Confieso que me decanto por lo segundo, porque así soy yo, pero que aquí hay espacio para todos los gustos. No pierdo oportunidad para contar lo mucho que me cautiva Madrid, sí, que hay problemas, que pasan cosas,  que el telediario hace enfadar mucho, pero justamente, ese “desorden ordenado” es lo que lo que ha convertido a esta ciudad en mi segundo hogar, nunca mejor dicho, soy una madrileña nacida en Venezuela.

Las cañitas, las terrazas, los patios interiores, los tendederos, los mercados, el metro, los autobuses, las plazas, las calles peatonales, las tiendas, el jamón, los churros, el botellón, los bares, los conciertos callejeros, los atardeceres en el templo de Debod, el fútbol, los chinos que venden cervezas, la sierra, los museos, puedo seguir nombrando infinitamente la magia de esta ciudad.

Pero esto no es todo, además, puedo encontrar tantas cosas de Venezuela, que casi no me queda oportunidad de echar de menos: desde proyecciones de películas en la Casa de América, hasta panaderías de toda la vida donde me puedo comer un “cachito” y tomarme una “chicha”, sin contar los restaurantes o los señores mayores que al darse cuenta de que soy venezolana siempre tienen alguna bonita historia que contarme sobre sus tiempos en Venezuela.

Aquí llegué con mi harina para las arepas, mis palabras extrañas, mi rápido hablar, mi “moreno claro caribeño”, dejando atrás mi tierra, Venezuela, para llegar a mi casa, Madrid.

Nina Bermúdez

Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someonePrint this page
Esta entrada fue publicada en Madrileño nacido en... y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>